Alma Gemela: un pedacito del capítulo final
Alma Gemela
Durante la época de los años 20's, un par de jóvenes -Rafael y Luna- se encuentran y se enamoran a primera vista. No dudan más: están hechos el uno para el otro, se casan sin el menor titubeo y tienen un hijo al que llaman Felipe. Rafael, quien tiene una rosaleda, crea para Luna una nueva variante de flor no antes vista: La Rosa Blanca. Mas durante el debut de Luna como bailarina ocurre un asalto: en busca de las joyas de Luna, disparan contra Rafael, pero la chica se interpone y recibe la bala. Luna muere.
Rafael vive en casi un total ostracismo durante más de quince o veinte años. Sin embargo, Luna vuelve a la vida a través de otro cuerpo, otra historia. Y esa nueva mujer llamada Serena, nacida en una tribu indígena de Brasil, comienza a tener visiones de una ciudad y de una flor extraña que nunca ha visto en su aldea. Es la flor blanca: La Rosa Blanca. El chamán le anima a seguir sus visiones, y es así como se marcha a São Paulo.
Se produce su encuentro inevitable con Rafael, de quien se enamora. Él también comienza a quererla de una forma confusa, pensándola como Luna, mas viendo el fuerte contraste con su nueva vida como Serena. Y tras muchas dificultades -propias e impuestas por los psicópatas de turno- Rafael termina de reconocer en ella la misma alma de Luna, pero con nuevas experiencias.
El último capítulo presenta un final feliz un poco distinto al esperado. Hay un nuevo tiroteo, pero en esta ocasión es Rafael quien se interpone entre la bala y Serena. Pero Serena, quien ha nacido con un soplo en el corazón, no soporta esa muerte. Descubre entonces que su misión ha sido volver para morir junto a él, y realizar el viaje astral juntos, y es en ese instante cuando sufre un infarto. Ambas almas se levantan de sus respectivos cuerpos y se van juntas, hacia la eternidad, mientras los demás están alrededor suyo, llorando.
Es una linda y atractiva historia :). Les dejo la introducción que fue dada al ser transmitida en Perú. Saludos y hasta la próxima.
Caminando en la cuerda floja
Saludos a todos :)
"El primer paso, es saber que existe la presencia de Dios en todas las cosas de la vida, y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por todas las cosas que tienes."
"El segundo paso, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer: Este paso se llama autoestima alta."
"El tercer paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama motivación."
"El cuarto paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas."
"El quinto paso, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te deja ser feliz; deja que las leyes de Dios hagan justicia, y tú perdona y olvida."
"El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitarán algo de más valor."
"El séptimo paso, es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del mundo tienen derecho a que se nos respete y se nos quiera."
"Aplica estos pasos y verás qué fácil es Ser Feliz."
El ladrón de oro
El hacha perdida
Lie Tzu
El puente inflexible (*)
Un día en que yo navegaba bajo un puente, el mástil de mi embarcación tropezó con uno de los arcos. Mejor hubiera sido para mí que el mástil se hubiera inclinado unos cuantos centímetros, o que el puente hubiera enarcado su lomo como un gato, o que el caudal del río hubiera decrecido un poco. Pero ni uno ni otros hicieron nada para evitar el encontronazo. Y es precisamente por ello, por la firmeza que cada cosa mantenía, por lo que yo podía servirme del río y navegar sobre él con la ayuda del palo de mi barco, y por lo que podía contar con el puente cuando la corriente no era favorable.
Ese rigor inquebrantable de la realidad suele obstaculizar nuestros deseos y conducirnos al desastre, lo mismo que la dureza del suelo resulta inevitablemente dolorosa para el niño que se cae cuando está aprendiendo a caminar. Y, sin embargo, esa misma dureza que le lastima es lo que hace que el niño pueda caminar sobre el sueño.
(*)Rabindranath Tagore, Sádhana.
Matar dragones
Chu Pingman fue a Chili Yi para aprender a matar dragones. (A veces los dragones pueden hacerse dañinos y hay que eliminarlos). Estudió tres años y gastó casi toda su fortuna hasta conocer a fondo la materia. Pero había tan pocos dragones que Chu no encontró dónde practicar su arte.
Vasalisa
VASALISA Y LA BABÁ YAGÁ
(tomado de Pobladores.com*)
Había una vez y no había una vez una joven madre que yacía en su lecho de muerte con el rostro tan pálido como las blancas rosas de cera de la sacristía de la cercana iglesia. Su hijita y su marido permanecían sentados a los pies de la vieja cama de madera, rezando para que Dios la condujera sana y salva al otro mundo.
La madre moribunda llamó a Vasalisa y la niña se arrodilló al lado de ella con sus botas rojas y su delantalito blanco.
-Presta atención a mis últimas palabras, querida -dijo la madre-. Si alguna vez te extraviaras o necesitaras ayuda, pregúntale a esta muñeca lo que tienes que hacer. Recibirás ayuda. Guarda siempre la muñeca. No le hables a nadie de ella. Dale de comer cuando esté hambrienta. Ésta es mi promesa de madre y mi bendición, querida hija.
Dicho lo cual, el aliento de la madre se hundió en las profundidades de su cuerpo donde recogió su alma y, cuando salió a través de sus labios, la madre murió.
La niña y su padre la lloraron durante mucho tiempo. Pero, como un campo cruelmente arado por la guerra, la vida del padre reverdeció una vez más en los surcos y éste se casó con una viuda que tenía dos hijas. Aunque la madrastra y sus hijas siempre hablaban con cortesía y sonreían como unas señoras, había en sus sonrisas una punta de sarcasmo que el padre de Vasalisa no percibía.
Sin embargo, cuando las tres mujeres se quedaban solas con Vasalisa, la atormentaban, la obligaban a servirlas y la enviaban a cortar leña para que se le estropeara la preciosa piel. La odiaban porque poseía una dulzura que no parecía de este mundo y porque era muy guapa. Sus pechos brincaban mientras que los suyos menguaban a causa de su maldad. Vasalisa era servicial y jamás se quejaba mientras que la madrastra y sus hermanas tras se peleaban entre sí como las ratas entre los montones de basura por la noche.
Un día la madrastra y las hermanastras ya no pudieron aguantar por más tiempo a Vasalisa.
-Vamos... a... hacer que el fuego se apague y entonces enviaremos a Vasalisa al bosque para que vaya a ver a la bruja Baba Yagá** y le suplique fuego para nuestro hogar. Y, cuando llegue al lugar donde está Baba Yagá, la vieja bruja la matará y se la comerá.
Todas batieron palmas y soltaron unos chillidos semejantes a los de los seres que habitan en las tinieblas.
Así pues aquella tarde, cuando regresó de recoger leña, Vasalisa vio que toda la casa estaba a oscuras. Se preocupó y le preguntó a su madrastra:
-¿Qué ha ocurrido? ¿Con qué guisaremos? ¿Qué haremos para iluminar la oscuridad?
-Qué estúpida eres -le contestó la madrastra-. Está claro que no tenemos fuego. Y yo no puedo salir al bosque porque soy vieja. Mis hijas tampoco pueden ir porque tienen miedo. Por consiguiente, tú eres la única que puede ir al bosque a ver a Baba Yagá y pedirle carbón para volver a encender la chimenea.
-Muy bien pues, así lo haré -dijo inocentemente Vasalisa.
y se puso en camino. El bosque estaba cada vez más oscuro y las ramitas que crujían bajo sus pies la asustaban. Introdujo la mano en el profundo bolsillo de su delantal donde guardaba la muñeca que su madre moribunda le había entregado. Le dio unas palmadas a la muñeca que guardaba en el interior del bolsillo y se dijo:
-Es verdad, el simple hecho de tocar esta muñeca me tranquiliza. A cada encrucijada del camino, Vasalisa introducía la mano en el bolsillo y consultaba con la muñeca.
-Dime, ¿tengo que ir a la derecha o a la izquierda?
La muñeca le contestaba, «Sí», «No», «Por aquí» o «Por allá». Vasalisa le dio a la muñeca un poco de pan que llevaba y siguió el camino que parecía indicarle la muñeca.
De repente, un hombre vestido de blanco pasó al galope por su lado montado en un caballo blanco e inmediatamente se hizo de día. Más adelante, pasó un hombre vestido de rojo montado en un caballo rojo y salió el sol. Vasalisa prosiguió su camino y, en el momento en que llegaba a la choza de Baba Yagá, pasó un jinete vestido de negro trotando a lomos de un caballo negro y entró en la cabaña de Baba Yagá. Enseguida se hizo de noche. La valla hecha con calaveras y huesos que rodeaba la choza empezó a brillar con un fuego interior, iluminando todo el claro del bosque con su siniestra luz.
Y la caldera volaba por el cielo mientras el grasiento cabello de Baba Yagá revoloteaba a su espalda. Su larga barbilla curvada hacia arriba y su larga nariz curvada hacia abajo se juntaban en el centro. Tenía una minúscula perilla blanca y la piel cubierta de verrugas a causa de su trato con los sapos. Sus uñas orladas de negro eran muy gruesas, tenían caballetes como los tejados y estaban tan curvadas que no le permitían cerrar las manos en un puño.
La casa de Baba Yagá era todavía más extraña. Se levantaba sobre unas enormes y escamosas patas de gallina de color amarillo, caminaba sola ya veces daba vueltas y más vueltas como un bailarín extasiado. Los goznes de las puertas y las ventanas estaban hechos con dedos de manos y pies humanos y la cerradura de la puerta de entrada era un hocico de animal lleno de afilados dientes. Vasalisa consultó con su muñeca y le preguntó:
-¿ Es ésta la casa que buscamos ?
y la muñeca le contestó a su manera: -Sí, ésta es la casa que buscas.
Antes de que pudiera dar otro paso, Baba Yagá bajó con su caldera y le preguntó a gritos:
-¿ Qué quieres ?
La niña se puso a temblar.
-Abuela, vengo por fuego. En mi casa hace mucho frío... mi familia morirá... necesito fuego.
Baba Yagá le replicó:
-Ah, sí, ya te conozco y conozco a tu familia. Eres una niña muy negligente... has dejado que se apagara el fuego. Y eso es una imprudencia. Y, además, ¿qué te hace pensar que yo te daré la llama?
Vasalisa consultó con la muñeca y se apresuró a contestar:
-Porque yo te lo pido. Baba Yagá ronroneó.
-Tienes mucha suerte porque ésta es la respuesta correcta.
Y Vasalisa pensó que había tenido mucha suerte porque había dado la respuesta correcta.
Baba Yagá la amenazó:
-No te puedo dar el fuego hasta que hayas trabajado para mí. Si me haces estos trabajos, tendrás el fuego. De lo contrario... -Aquí Vasalisa vio que los ojos de Baba Yagá se convertían de repente en unas rojas brasas-. De lo contrario, hija mía, morirás.
Baba Yagá entró ruidosamente en su choza, se tendió en la cama y ordenó a Vasalisa que le trajera lo que se estaba cociendo en el horno. En el horno había comida suficiente para diez personas y la Yagá se la comió toda, dejando tan sólo un pequeño cuscurro y un dedal de sopa para Vasalisa.
-Lávame la ropa, barre el patio, limpia la casa, prepárame la comida, separa el maíz añublado del maíz bueno y cuida de que todo esté en orden. Regresaré más tarde para inspeccionar tu trabajo. Si no está listo, tú serás mi festín.
Dicho lo cual, Baba Yagá se alejó volando en su caldera, usando la nariz a modo de cataviento y el cabello a modo de vela. Y cayó de nuevo la noche.
Vasalisa recurrió a su muñeca en cuanto la Yagá se hubo ido.
-¿Qué voy a hacer? ¿Podré cumplir todas estas tareas a tiempo? La muñeca le aseguró que sí y le dijo que comiera un poco y se fuera a dormir. Vasalisa le dio también un poco de comida a la muñeca y se fue a dormir.
A la mañana siguiente, la muñeca había hecho todo el trabajo y lo único que quedaba por hacer era cocinar la comida. La Yagá regresó por la noche y vio que todo estaba hecho. Satisfecha en cierto modo aunque no del todo porque no podía encontrar ningún fallo, Baba Yagá dijo en tono despectivo:
-Eres una niña muy afortunada.
Después llamó a sus fieles sirvientes para que molieran el maíz e inmediatamente aparecieron tres pares de manos en el aire y empezaron a raspar y triturar el maíz. La paja voló por la casa como una nieve dorada. Al final, se terminó la tarea y Baba Yagá se sentó a comer. Se pasó varias horas comiendo y por la mañana le volvió a ordenar a Vasalisa que limpiara la casa, barriera el patio y lavara la ropa.
Después le mostró un gran montón de tierra que había en el patio.
-En este montón de tierra hay muchas semillas de adormidera, millones de semillas de adormidera. Quiero que por la mañana haya un montón de semillas de adormidera y un montón de tierra separados. ¿ Me has entendido ?
Vasalisa estuvo casi a punto de desmayarse. -¿Cómo voy a poder hacerlo?
Introdujo la mano en el bolsillo y la muñeca le contestó en un susurro:
-No te preocupes, yo me encargaré de eso.
Aquella noche Baba Yagá empezó a roncar y se quedó dormida y entonces Vasalisa intentó separar las semillas de adormidera de la tierra. Al cabo de un rato la muñeca le dijo:
-Vete a dormir. Todo irá bien.
Una vez más la muñeca desempeñó todas las tareas y, cuando la vieja regresó a casa, todo estaba hecho. Baba Yagá habló en tono sarcástico con su voz nasal:
-¡Vaya! Qué suerte has tenido de poder hacer todas estas cosas. Llamó a sus fieles sirvientes y les ordenó que extrajeran aceite de las semillas de adormidera e inmediatamente aparecieron tres pares de manos y lo hicieron.
Mientras la Yagá se manchaba los labios con la grasa del estofado, Vasalisa permaneció de pie en silencio.
-¿ Qué miras ? -le espetó Baba Yagá.
-¿Te puedo hacer unas preguntas, abuela? -dijo Vasalisa.
-Pregunta -replicó la Yagá-, pero recuerda que un exceso de conocimientos puede hacer envejecer prematuramente a una persona. Vasalisa le preguntó quién era el hombre blanco del caballo blanco.
-Ah -contestó la Yagá con afecto-, el primero es mi Día.
-¿Y el hombre rojo del caballo rojo?
-Ah, ése es mi Sol Naciente.
-¿Y el hombre negro del caballo negro?
-Ah, sí, el tercero es mi Noche.
-Comprendo -dijo Vasalisa.
-Vamos, niña, ¿no quieres hacerme más preguntas? -dijo la Yagá en tono zalamero.
Vasalisa estaba a punto de preguntarle qué eran los pares de manos que aparecían y desaparecían, pero la muñeca empezó a saltar arriba y abajo en su bolsillo y entonces dijo en su lugar:
-No, abuela. Tal como tú misma has dicho, el saber demasiado puede hacer envejecer prematuramente a una persona.
-Ah -dijo la Yagá, ladeando la cabeza como un pájaro-, tienes una sabiduría impropia de tus años, hija mía. ¿Y cómo es posible que seas así?
-Gracias a la bendición de mi madre -contestó Vasalisa sonriendo.
-¡¿La bendición?! -chilló Baba Yagá-. ¡¿La bendición has dicho?! En esta casa no necesitamos bendiciones. Será mejor que te vayas, hija mía -dijo empujando a Vasalisa hacia la puerta y sacándola a la oscuridad de la noche-. Mira, hija mía. ¡Toma! -Baba Yagá tomó una de las calaveras de ardientes ojos que formaban la valla de su choza y la colocó en lo alto de un palo-. ¡Toma! Llévate a casa esta calavera con el palo. Eso es el fuego. No digas ni una sola palabra más. Vete de aquí.
Vasalisa iba a darle las gracias a la Yagá, pero la muñequita de su bolsillo empezó a saltar arriba y abajo y entonces Vasalisa comprendió que tenía que tomar el fuego y emprender su camino. Corrió a casa a través del oscuro bosque, siguiendo las curvas y las revueltas del camino que le iba indicando la muñeca. Vasalisa salió del bosque, llevando la calavera que arrojaba fuego a través de los orificios de las orejas, los ojos, la nariz y la boca. De repente, se asustó de su peso y de su siniestra luz y estuvo a punto de arrojarla lejos de sí. Pero la calavera le habló y le dijo que se tranquilizara y siguiera adelante hasta llegar a la casa de su madrastra y sus hermanastras. Y ella así lo hizo.
Mientras Vasalisa se iba acercando a la casa, la madrastra y las hermanastras miraron por la ventana y vieron un extraño resplandor danzando en el bosque. El resplandor estaba cada vez más cerca y ellas no acertaban a imaginar qué podía ser. La prolongada ausencia de Vasalisa las había inducido a pensar que ésta había muerto y que las alimañas se habían llevado sus huesos y en buena hora.
Vasalisa ya estaba muy cerca de su casa. Cuando la madrastra y las hermanastras vieron que era ella, corrieron a su encuentro, diciéndole que llevaban sin fuego desde que ella se había ido y que, a pesar de que habían intentado repetidamente encender otro, éste siempre se les apagaba.
Vasalisa entró triunfalmente en la casa, pues había sobrevivido al peligroso viaje y había traído el fuego a su hogar. Pero la calavera que estaba contemplando todos los movimientos de las hermanastras y de la madrastra desde lo alto del palo las abrasó y, a la mañana siguiente, el malvado trío se había convertido en unas pavesas.
____________________________
* Actualmente, esta página no existe.
** En ruso, Babá Yagá significa literalmente, Mujer Hechicera. (N. de la I)
Valor
Nada puede ser garantizado. Mil y uno son los riesgos del camino, son muchos los escollos – y la semilla está segura, escondida dentro de una dura coraza. Pero la semilla lo intenta, hace un esfuerzo, tira la dura concha que es su propia seguridad y comienza a moverse. Inmediatamente la lucha comienza: la lucha con la tierra, con las piedras, con las rocas. Y la semilla era muy dura y el brote será muy, muy suave y los peligros serán muchos.
No había peligro para la semilla, la semilla podía haber sobrevivido por milenios, pero para el brote los peligros son muchos. Pero el retoño emprende hacia lo desconocido, hacia el sol, hacia la fuente de luz, sin saber dónde, sin saber por qué. Enorme es la cruz que ha de cargarse, pero la semilla posee un sueño y la semilla se mueve.
El mismo camino es para el hombre. Es arduo. Mucho valor se necesitará.
Osho Dang Dang Doko Dang Chapter 4
Comentario:
Esta carta muestra una pequeña flor silvestre que se ha encontrado con el reto de rocas y piedras en su camino para emerger hacia la luz del día. Rodeada de un aura de brillante luz dorada, expone la majestuosidad de su pequeño ser. Desvergonzada, es igual al sol más brillante.
Cuando nos enfrentamos a una situación muy difícil, tenemos que elegir: Podemos ya sea tener resentimientos y tratar de encontrar algo o a alguien a quien culpar de las dificultades, o podemos encarar el reto y crecer.
La flor nos muestra el camino, cómo su pasión por la vida la guía fuera de la oscuridad y hacia la luz. No tiene caso pelear en contra de los retos de la vida, o tratar de evitarlos o negarlos. Ellos están ahí, y si la semilla va a convertirse en flor, tenemos que atravesarlos. Ten el suficiente valor para convertirse en la flor que ha de ser.
Los Topos
En la celda colectiva los estados de tristeza, de temor, de nostalgia, de melancolía, que todos tenemos un poco a enmascarar, quedan impúdicamente al descubierto. En la celda no hay truco, con el tiempo no hay truco. La debilidad o la fortaleza queda descubierta. La capacidad mimética del hombre se reduce al mínimo, sobre todo en situaciones críticas. En la celda hay un ojo omnisciente, irritante, omnipresente, que se sienta en todas las camas y en todos los taburetes.
Hasta una próxima ocasión.
La espada real
Llui Bu-wei
Arreglando el mundo
El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiera entretenerlo. De repente se encontró con una revista, en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba.
Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo:
- Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie.
Entonces calculó que al pequeño le llevaría 10 días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas, escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.
- Papá, papá, ya hice todo, conseguí terminarlo.
Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que, a su edad hubiera conseguido componer un mapa que jamás había visto antes.
Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible? ¿Cómo el niño había sido capaz?.
- Hijito, tú no sabías cómo era el mundo. ¿Cómo lo lograste?.
- Papá, yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que di vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, que sí sabía como era. Cuando conseguí arreglar al hombre, di vuelta a la hoja y vi que había arreglado al mundo.
Tarot Zen de Osho 0: El Loco.
Sé un loco en el sentido Taoísta, en el sentido Zen. No trates de crear una pared de conocimiento alrededor de ti. Cualquier experiencia que venga hacia ti, deja que suceda, y luego ve eliminándola. Sigue limpiando tu mente; continúa muriendo para el pasado, así permanecerás en el presente, Aquí y Ahora, como si recién hubieras nacido, como un bebé.
Al principio va a ser muy difícil. El mundo comenzará a tomar ventaja sobre ti... déjalos. Ellos son unos pobres tipos. Incluso si eres engañado, decepcionado, robado, deja que eso suceda, porque lo que es realmente tuyo no podrá ser nunca tomado de ti, aquello que es realmente tuyo nadie lo podrá robar.
Y a cada momento no permitas que ninguna situación te corrompa, esa oportunidad se convertirá en integración interna. Tu alma se tornará más cristalina.
Comentario:
Momento a momento y a cada paso, el Loco deja atrás el pasado. No lleva más que su pureza, inocencia y confianza, simbolizadas por la rosa blanca que tiene en su mano. Su traje contiene los colores de los cuatro elementos del Tarot, indicando que él está en armonía con todo lo que le rodea. Su intuición funciona al máximo. En este momento el Loco tiene el apoyo del universo para dar su salto hacia lo desconocido. Las aventuras esperan en el río de la vida.
Esta carta indica que si confías en tu intuición ahora mismo, en tu sentimiento de estar en lo cierto de las cosas, no puedes equivocarte. Tus acciones quizás parezcan "locas" para otros o incluso a ti mismo, si intentas analizarlas con tu mente racional. Pero el "cero", sitio que ocupa el Loco, es el número sin números, en donde confianza e inocencia son las guías, no el escepticismo y las experiencias del pasado.
____________________
Esto me lo mandó un amigo :o). No tengo demasiadas ganas de hacer comentarios, pero sí lo deseaba compartir. Espero lo disfruten tanto como yo :o). Saludos a todos.
¿La mejor solución?
- ¿Dónde escondería un hombre sabio una piedrecilla?
Y el hombre alto contestó en voz baja:
- En la playa.
El hombre bajito asintió con la cabeza y tras otro breve silencio, dijo:
- ¿Y dónde escondería un hombre sabio una hoja?
Y el otro contestó:
- En el bosque.
- ¿Y qué haría si no hubiera bosque?
- Y bien -respondió Flambeau irritado-, ¿qué es lo que haría?
- Plantaría un bosque para esconderla en él -dijo el sacerdote con voz oscura.
- Un pecado temible. Si no hubiera ningún bosque, crearía uno. Y si quisiera esconder una hoja muerta, crearía un bosque muerto.
No hubo aún respuesta, y el sacerdote añadió todavía con mayor calma y suavidad:
- Y si alguien quisiera ocultar un cadáver, haría un campo de cadáveres para ocultarlo en él.
Gilbert Keith Chesterton
A veces lo vivo nos cansa la vista. Entonces escondemos esa palabra en la frase limpia, un intenso anhelo en otros sueños, un rostro en muchos rostros, o la emoción en otros pálpitos.
Y la voz habla -callándose- entre tantas bocas.
Blanco y Negro
Tomado de: Carlos G. Vallés, SJ Salió el sembrador...
El cuento de las Arenas
Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:
"El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río"
El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.
"Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino"
-¿Pero cómo esto podrá suceder?
"Consintiendo en ser absorbido por el viento".
Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. "¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?" "El viento", dijeron las arenas, "cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río"
-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?
"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río."
-¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?
"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."
Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó --¿o le pareció?-- que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad". El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: "Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña"
Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.
Awad Afifi el Tunecino
Lixo
Voy a presentarles el texto traducido de un autor brasilero: "Lixo" ("Basura") de Luis Fernando Veríssimo (la obra en su idioma orignal podrá ser encontrada en el siguiente link). Disfrútenlo.
Se encontraron en el área de servicio. Cada uno con su bolsa de basura. Es la primera vez que se hablan.
- Buenos días...
- Buenos días.
- Usted es del 610
- Y usted del 612.
- Si.
- Yo todavía no le conocía personalmente...
- Pues no...
- Disculpe mi indiscreción, pero he observado su basura...
- ¿Mi qué?
- Su basura.
- Ah...
- Me di cuenta de que suele ser poca. Su familia debe ser pequeña...
- La verdad, soy yo solo.
- Mmmmm. Noté también que usted utiliza mucha comida en lata.
- Es que tengo que hacer mi propia comida. Y como no sé cocinar...
- Entiendo.
- Usted también...
- Hábleme de tú.
- Tú también -perdona mi indiscreción, pero he observado los restos de su comida en la basura. Champiñones, cosas así...
- Es que me gusta mucho cocinar. Realizar platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra...
- Usted... ¿tú no tienes familia?
- Sí, pero no aquí.
- En Espíriru Santo.
- ¿Y cómo sabes eso?
- Veo unos sobres en su basura. De Espíritu Santo.
- Sí. Mi mamá escribe todas las semanas.
- ¿Ella es profesora?
- ¡Es increíble! ¿Cómo lo adivinó?
- Por la letra del sobre. Me pareció que era la de una profesora.
- Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por su basura...
- Pues no...
- El otro día tenía un sobre de un telegrama arrugado.
- Sí.
- ¿Malas noticias?
- Mi padre. Murió.
- Lo siento mucho.
- Ya estaba bien viejito. Allá en el Sur. Hacía tiempo que no nos veíamos.
- ¿Fue por eso que comenzó a fumar?
- ¿Cómo lo sabes?
- De un día para otro comenzaron a aparecer cajas de cigarro arrugadas en su basura.
- Sí, es verdad. Pero conseguí dejarlo otra vez.
- Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
- Lo sé. Pero he visto unos frascos en su basura...
- Tranquilizantes. Fue una etapa. Ya pasó.
- ¿Peleaste con tu novio, verdad?
- ¿Eso también lo descubrió en la basura?
- Primero el ramo de flores, con un corazoncito botado afuera. Después, muchos pañuelos de papel.
- Sí, lloré bastante. Pero ya pasó.
- Pero hoy todavía tienes unos pañuelitos...
- Sí, es que tengo un poco de coriza.
- Ah.
- Veo muchas revistas de crucigramas en su basura.
- Sí. Bueno. Yo me quedo mucho en casa. No salgo mucho. Sabes como es.
- ¿Tienes novia?
- No.
- Pero hace unos días tenías una fotografía de mujer en tu basura. Era hermosa.
- Estaba limpiando las gavetas. Cosa pasada.
- No la rompiste. Eso significa que, en el fondo, tú quieres que regrese.
- ¡Estás analizando mi basura!
- No puedo negar que tu basura me interesó.
- Qué cómico. Cuando examiné tu basura, decidí que deseaba conocerte. Creo que fue por la poesía.
- ¡No! ¿Vistes mis poemas?
- Sí, y me gustaron mucho.
- ¡Pero si son muy malos!
- Si tú pensaras que son malos, los habrías roto. Pero sólo estaban doblados.
- Si yo hubiera sabido que los ibas a leer...
- Pero no me quedé con ellos porque, al final, sería como robarlos. Si bien, no sé: ¿la basura de una persona es propiedad de ella?
- No creo. La basura es del dominio público.
- Tienes razón. A través de la basura, lo particular se torna público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los demás. La basura es comunitaria. Es nuestra parte más social. ¿Será eso?
- Bueno, estás profundizando mucho sobre la basura. Creo que...
- Ayer, en tu basura...
- ¿Ajá?
- Me equivoco, ¿o tenías cáscaras de camarón?
- Acertaste. Compré unos camarones grandes y los descasqué.
- Amo los camarones.
- Los descasqué... pero todavía no me los he comido. Quien sabe, nosotros podemos...
- ¿Comer juntos?
- Si.
- No quisiera molestarte.
- No es ninguna molestia.
- Vas a ensuciar tu concina.
- Nada. En un instante se limpia todo y se botan los restos afuera.
- ¿En tu basura o en la mía?
El ladrón considerado (*)
El señor No
- ¿Quiere usted pan? -preguntó el vendedor.
- No -dijo el señor No.
- ¿Quiere usted leche, mantequilla, queso, galletas? - le preguntó el vendedor.
- No -respondió el señor No.
- Si es así -dijo el dependiente- yo no puedo ayudarle. Y siguió su trabajo.
El señor No volvió a casa muy triste y furioso consigo mismo. Siempre hacía lo contrario de lo que quería: si tenía hambre y se disponía a comer, se le caía el plato; si quería leer, de repente se le rompía el libro... Hasta que un día alguien llamó a su puerta.
- ¿Vive aquí el señor No? -preguntó una voz desde fuera.
- No -respondió el señor No.
Pero la puerta se abrió y entró una mujer joven y bella. Sacó de su cesta alimentos suculentos y puso la mesa. El señor No se acercó. Comieron y bebieron. Finalmente la joven preguntó al señor No:
- ¿Quiere usted que vuelva?
Y el señor No dijo:
- Sí.
B. Brehct
A ver... De existir: ¿quién se anima a decirme la moraleja?
El camino construyéndose a cada paso
Una vez, en una ciudad del más lejano Occidente, vivía una joven llamada Fátima. Era la hija de un próspero hilandero. Un día, su padre le dijo: “Ven, hija, haremos una travesía, pues tengo negocios que hacer en las islas del mar mediterráneo. Tal vez tú encuentres un joven atractivo, de buena posición, que podrías tomar por esposo.”
Se pusieron en camino y viajaron de isla en isla, el padre haciendo sus negocios, mientras Fátima soñaba con el esposo que pronto podría ser suyo. Pero un día, cuando estaban camino a Creta, se levantó una tormenta y el barco naufragó. Fátima, semiconsciente, fue arrojada a una playa cercana a Alejandría. Su padre había muerto y ella quedó totalmente desamparada.
Podía recordar sólo vagamente su vida hasta entonces ya que la experiencia del naufragio, y el haber estado expuesta a las inclemencias del mar, la habían dejado completamente exhausta.
Mientras vagaba por la arena, una familia de tejedores la encontró. A pesar de ser pobres, la llevaron a su humilde casa y le enseñaron su oficio. De esta manera, ella inició una segunda vida y en el lapso de uno o dos años volvió a ser feliz, habiéndose reconciliado con su suerte. Pero un día, estando en la playa, una banda de mercaderes de esclavos desembarcó y se la llevó, junto con otros cautivos.
A pesar de lamentarse amargamente de su suerte no encontró ninguna compasión de parte de ellos, quienes la llevaron a Estambul y la vendieron como esclava.
Por segunda vez, su mundo se había derrumbado. Ahora bien, sucedió que en el mercado había pocos compradores. Uno de ellos era un hombre que buscaba esclavos para trabajar en su aserradero, donde fabricaba mástiles para barcos. Cuando vio el abatimiento de la infortunada Fátima, decidió comprarla, pensando que de este modo, al menos, podría ofrecerle una vida un poco mejor que la que habría de recibir de otro comprador.
Llevó a Fátima a su hogar, con la intención de hacer de ella una sirvienta para su esposa. Pero cuando llegó a su casa, se enteró de que había perdido todo su dinero al ser capturado un cargamento por piratas. No podía afrontar los gastos que le ocasionaba el tener trabajadores, de modo que él, Fátima y su mujer quedaron solos para llevar a cabo la pesada tarea de fabricar mástiles.
Fátima, agradecida a su empleador por haberla rescatado, trabajó tan duramente y tan bien, que él le dio la libertad y ella llegó a ser su ayudante de confianza. Fue así como llegó a ser relativamente feliz en su tercera profesión.
Un día, él le dijo: “Fátima, quiero que vayas a Java, como mi agente, con un cargamento de mástiles, asegúrate de venderlos con provecho.”
Ella se puso en camino, pero cuando el barco estuvo frente a la costa china un tifón lo hizo naufragar y, una vez más, se vio arrojada a la playa de un país desconocido. Otra vez lloró amargamente, porque sentía que en su vida nada sucedía de acuerdo con sus expectativas. Siempre que las cosas parecían andar bien, algo ocurría, destruyendo todas sus esperanzas.“
¿Por qué será”, exclamó por tercera vez, “que siempre que intento hacer algo, ello se malogra? ¿Por qué deben ocurrirme tantas desgracias?” Pero no hubo respuesta. De manera que se levantó de la arena y se encaminó tierra adentro.
Ahora bien, sucedía que nadie en China había oído hablar de Fátima ni sabía nada de sus problemas. Pero existía la leyenda de que un día llegaría allí cierta mujer extranjera, capaz de hacer una tienda para el emperador. Y puesto que, en aquel entonces, en China no existía nadie que pudiera hacer tiendas, todo el mundo esperaba el cumplimiento de aquella predicción con la más vívida expectativa.
A fin de estar seguros de que esta extranjera, al llegar, no pasara inadvertida, los sucesivos emperadores de China solían mandar heraldos una vez por año a todas las ciudades y a todas las aldeas del país, pidiendo que cada mujer extranjera fuera llevada a la Corte.
Fue justamente en una de esas ocasiones cuando Fátima, agotada, llegó a una ciudad costera de China. La gente del lugar habló con ella por medio de un intérprete, explicándole que tenía que ir a ver al Emperador.
“Señora”, dijo el Emperador, cuando Fátima fue llevada ante él, “¿Sabéis fabricar una tienda?”“Creo que sí”, dijo Fátima.
Pidió sogas, pero no las había. De modo que, recordando sus tiempos de hilandera recogió lino y fabricó las cuerdas. Luego, pidió una tela fuerte, pero los chinos no tenían la clase que ella necesitaba. Entonces, utilizando sus experiencias con los tejedores de Alejandría fabricó una tela resistente para hacer tiendas. Luego vio que necesitaba parantes para la tienda, pero no existían en el país. Entonces Fátima, recordando cómo había sido enseñada por el fabricante de mástiles en Estambul, hábilmente hizo unos sólidos parantes. Cuando éstos estuvieron listos, se devanó los sesos tratando de recordar todas las tiendas que había visto en sus viajes; y he aquí, que una tienda fue construida.
Cuando esta maravilla fue mostrada al Emperador de China, él ofreció a Fátima dar cabal cumplimiento a cualquier deseo que ella expresara. Ella eligió establecerse en China, donde se casó con un atractivo príncipe, y donde, rodeada por sus hijos, vivió muy feliz hasta el fin de sus días.
Fue a través de estas aventuras como Fátima comprendió que lo que había parecido ser, en su momento, una experiencia desagradable, resultó ser parte esencial en la elaboración de su felicidad final.
Es interesante como esos componentes y aprendizajes aislados de la vida se integran al final para producir un espacio propio, una vivienda. Uno, que se trauma porque en casi treinta años post-nacimiento no ha sido capaz de producir nada interesante (ni siquiera la certeza de tener una vaga idea de cual podría ser el sentido de nuestra vida), encuentra de repente que 30 no es en absoluto una edad de completitud sino que apenas ahora estamos juntando algunos fragmentos del vivir, que quizá definan un "algo" en un tiempo "posible". Un algo que nos da forma a nosotros mismos.
Por último, un comentario con relación al cuento en sí. Ese final como cumplimiento único y sin matices de unos deseos paternos (encontrar un joven atractivo, de buena posición, a quien pueda tomar por esposo) no parece estar acorde con el desarrollo de una vida propia, de unos deseos que nazcan de los más profundos anhelos de Fátima; quizá porque sus inicios comienzan justamente con la muerte del padre. Aquí, en este punto, parece existir una nota falsa. O la vivencia de un guión.